El flequillo abierto gana soltura cuando se trabaja sin rigidez
Un flequillo que se separa con suavidad puede enmarcar el rostro sin parecer demasiado peinado. La preparación, el secado y un acabado ligero ayudan a conservar su caída natural.

El atractivo del flequillo abierto está en su movimiento: despeja parte de la frente y se integra con los mechones que rodean el rostro. No necesita formar una curva perfecta ni quedar simétrico para resultar cuidado. De hecho, respetar la dirección del cabello suele ofrecer un acabado más fácil de mantener que intentar corregir cada mechón.
Antes de peinarlo, humedece ligeramente la raíz si ha adquirido una forma que no te convence. Trabajar solo sobre las puntas puede dejar intacto el pliegue del nacimiento. Retira el exceso de agua con suavidad y desenreda sin tirar, procurando que los productos más densos de medios y puntas no se acumulen sobre la frente.
Durante el secado, utiliza una temperatura moderada y dirige el aire desde arriba, manteniendo el secador en movimiento y sin acercarlo demasiado. Puedes desplazar el flequillo suavemente hacia ambos lados con un cepillo plano y dejar que después encuentre su apertura. Si buscas una curva más marcada en las puntas, acompáñalas con un cepillo redondo sin enrollar todo el mechón hasta la raíz.
La textura del cabello orienta el acabado. En un pelo fino, una cantidad mínima de producto ligero ayuda a no perder soltura; en uno ondulado, puede funcionar mejor acomodar la forma con los dedos y evitar un cepillado insistente. Si hay un remolino visible, adaptar la apertura a su dirección suele ser más práctico que pelear con él cada mañana.
Comprueba el resultado cuando el cabello esté seco y se haya enfriado. Separa los mechones con los dedos y evita seguir retocándolos si ya caen cómodamente. Para recoger el resto del pelo, una coleta baja permite dejar los laterales sueltos y mantener ese marco suave alrededor del rostro, sin exigir un acabado pulido.
Redacción Lumara
